Con el tiempo han ido apareciendo frameworks y otros sistemas de optimización de CSS en pro de un código más limpio, ordenado y ligero. Nos empeñamos (o nos empeñan) en conocerlos todos y utilizarlos en busca de una mayor productividad de los desarrolladores, pero ¿de qué desarrolladores?
Bootstrap es un ejemplo al que puedo recurrir. Su teoría es muy clara y directa: facilitar la maquetación y mantenimiento de los sitios webs. En la práctica, la teoría sólo se cumple si quien implementa y mantiene los diseños no es experto en CSS. Esto es: un experto en maquetación web desarrolla de forma más rápida y eficiente una web sin este tipo de ayudas.
Un experto en maquetación web ordena el código, lo mantienen limpio y lo optimiza sin necesidad de recurrir a archivos base o funcionalidades que limpien el código. Ese trabajo ya lo hace él.
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Hablando con otro compañero maquetador sobre nuestra experiencia con Bootstrap llegamos a la misma conclusión: tardamos más en poner en marcha los proyectos que hacemos con este framework y el resultado es una maquetación con más número de archivos y posibilidad de “código sucio”, es decir: un trabajo menos productivo y eficiente.
Si tenéis un maquetador a mano, no siempre es más óptimo usar frameworks.